
La montura se ve. Las lentes se notan.
Al elegir gafas, casi toda la atención se la lleva la montura — pero lo que determina cómo ves, cuánto pesan y cuánto duran son las lentes oftálmicas: los cristales graduados que compensan tu defecto visual (miopía, hipermetropía, astigmatismo o presbicia). Aquí te explicamos, sin letra pequeña, qué opciones existen y cuándo tiene sentido cada una.
Monofocales, bifocales y progresivas
- Monofocales — una sola graduación, para lejos o para cerca. La opción más habitual cuando solo hay un defecto que corregir.
- Bifocales — dos graduaciones en la misma lente: la parte superior para lejos y la inferior para cerca, con línea de separación visible.
- Progresivas — visión a todas las distancias (cerca, intermedia y lejos) en una sola lente, sin saltos ni líneas. Con los diseños actuales y su personalización, la adaptación está garantizada. → Todo sobre gafas progresivas
Orgánicas, minerales o policarbonato
- Orgánicas — material de alta tecnología similar al plástico: ligeras y muy resistentes a los golpes. Son las más utilizadas hoy, y las que recomendamos en la gran mayoría de los casos.
- Minerales (vidrio) — mayor resistencia al rayado, pero más pesadas y frágiles ante los golpes. Hoy se reservan para usos concretos.
- Policarbonato — el material más resistente al impacto: prácticamente irrompible y muy ligero. Es el estándar en gafas infantiles y deportivas, y una opción segura para quien castiga mucho sus gafas.
Tratamientos que mejoran tus lentes (y cuándo merecen la pena)
- Endurecido — hace las lentes orgánicas más resistentes al rayado. Recomendable prácticamente siempre.
- Antirreflejante — reduce la reflexión de la luz hasta en un 98%: más transparencia, mejor calidad visual y más confort, especialmente conduciendo de noche y frente a pantallas.
- Fotocromático — las lentes se oscurecen con la luz solar y vuelven a ser transparentes en interior: gafa de sol y de vista en una.
¿Buscas protección solar o filtro de luz azul? Tienen página propia: → Filtros solares y luz azul
Lentes hechas para tus ojos, no para un promedio
La precisión de la maquinaria actual permite personalizar cualquier lente, monofocal o progresiva: se fabrica teniendo en cuenta tus medidas y tu uso real, ampliando los campos de visión, reduciendo aberraciones y maximizando el confort. Es la diferencia entre una lente «de tu graduación» y una lente tuya. El punto de partida es siempre tu graduación exacta.

Cómo cuidar tus lentes para que duren
- Límpialas siempre en húmedo: agua y jabón neutro, o el líquido que te recomendemos. Sécalas con la gamuza — nunca con papel, pañuelos ni la ropa.
- Evita productos corrosivos (laca, disolventes) y los limpiadores con desengrasante o detergente.
- Quítate las gafas con las dos manos, para no deformar la montura.
- No las apoyes por el lado de las lentes: es la vía rápida al rayado.
- Aléjalas de fuentes de calor — estufas y, muy especialmente, la guantera del coche en verano: el calor puede deformarlas.
Si aun así algo se tuerce, tráelas a cualquiera de nuestros dos centros: la mayoría de los ajustes y pequeñas reparaciones los resolvemos en el día.
Preguntas frecuentes sobre lentes oftálmicas
¿Merece la pena pagar más por unas lentes?
¿Puedo aprovechar mi montura y cambiar solo las lentes?
¿Cuánto tardan en estar listas mis gafas?
¿Qué pasa si no me adapto a mis lentes nuevas?
Te explicamos el presupuesto línea a línea. Y lo que puedes ahorrarte, también.
Después de 44 años montando gafas en Torre del Mar, sabemos que la mejor lente no es la más cara: es la que encaja con tu graduación, tu uso y tu bolsillo. Si un tratamiento no te aporta nada, te lo decimos — aunque eso reste un renglón al presupuesto.
Presupuesto claro · Ajustes y pequeñas reparaciones en el día